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LAS ETIQUETAS SON PARA LAS LATAS

Marcelo I. Sicoff

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Cuando las etiquetas simplifican demasiado a las personas.

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Los seres humanos tenemos una tendencia natural a clasificar el mundo. Para entender lo que nos rodea usamos categorías: bueno o malo, seguro o peligroso, confiable o sospechoso.

Las categorías nos ayudan a orientarnos. Simplifican la realidad y nos permiten tomar decisiones rápidas.

El problema aparece cuando ese mismo mecanismo se aplica a las personas.

Entonces aparecen las etiquetas.

“Responsable”, “vago”, “problemático”, “adicto”.

Una sola palabra parece explicar a alguien por completo.

Pero las personas casi nunca caben dentro de una sola palabra.

🎥

Un experimento simple sobre las etiquetas

En un conocido experimento social, un grupo de personas es separado inicialmente en categorías aparentemente muy claras: inmigrantes, profesionales, religiosos, jóvenes, personas mayores.

A simple vista cada grupo parece homogéneo y bien definido.

Sin embargo, cuando los participantes empiezan a responder preguntas sobre sus experiencias personales, ocurre algo interesante.

Quienes parecían pertenecer a mundos completamente distintos descubren que comparten cosas muy parecidas:

  • haber sentido miedo alguna vez
  • haber perdido a alguien importante
  • haberse sentido solos
  • haber cometido errores

Poco a poco las fronteras entre los grupos empiezan a desdibujarse.

Las etiquetas, que al principio parecían tan claras, empiezan a quedarse cortas.

Nota psicológica

En psicología social este fenómeno se conoce como estereotipación.

Los estereotipos son creencias simplificadas que atribuimos a un grupo de personas. Funcionan como atajos mentales que permiten interpretar rápidamente la realidad.

El problema es que, al simplificar demasiado, los estereotipos suelen ignorar la enorme diversidad que existe dentro de cualquier grupo humano.
🧠

Cuando las etiquetas se convierten en estigma

Las etiquetas no siempre son inocentes.

En algunos contextos pueden transformarse en estigmas.

Esto ocurre cuando una característica específica de una persona termina definiendo toda su identidad.

En el campo de la salud mental esto sucede con bastante frecuencia.

Palabras como:

  • “loco”
  • “adicto”
  • “alcohólico”
  • “drogadicto”

pueden funcionar como etiquetas que reducen a una persona a un único aspecto de su vida.

Cuando esto ocurre, todo lo demás queda oculto: su historia, sus vínculos, sus dificultades y también sus recursos.

⚠️

El problema de reducir a una persona a una etiqueta

Desde la psicología sabemos que las etiquetas simplifican la realidad, pero también pueden tener consecuencias concretas.

Cuando una persona queda definida por una etiqueta estigmatizante suelen aparecer varios efectos:

  • aumenta el prejuicio social
  • se reducen las oportunidades laborales o sociales
  • aparece vergüenza o culpa
  • se dificulta pedir ayuda

Por eso, en muchos ámbitos de la salud mental se intenta utilizar un lenguaje diferente.

No se trata solo de corrección política. Se trata de algo más profundo: reconocer que las personas son siempre más complejas que las categorías que usamos para describirlas.

🌱
Las etiquetas pueden servir para clasificar objetos. Pero cuando hablamos de personas, casi siempre se quedan demasiado cortas.

Detrás de cada diagnóstico, de cada conducta problemática o de cada etiqueta social hay algo mucho más amplio.

Hay historias personales, experiencias de vida, vínculos, sufrimientos y también posibilidades de cambio.

Porque las etiquetas sirven para las latas.
Las personas, en cambio, siempre son más complejas que cualquier etiqueta.

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