Duelo

El duelo: un tango en la sombra

🌫️ El duelo

El duelo parece un oscuro callejón sin salida donde la luz se cuela a cuentagotas. Casi siempre nos encuentra desprevenidos. No importa cuánto creamos estar preparados –los médicos que murmuran pronósticos, las señales de un amor que se deshilacha, las despedidas que intuimos inevitables–, la pérdida siempre llega como un ladrón, sigilosa y brutal. Cuando eso ocurre, el mundo se vuelve irreconocible. Todo lo que conocíamos –nuestra rutina, nuestras certezas, nuestro reflejo en el espejo– se disuelve, y por un tiempo, nada tiene sentido.

Una de las acepciones de la palabra duelo viene del latín dolus, dolor. Es una herida que sangra en el cuerpo, en la mente, en el espíritu: la muerte de un ser querido, el fin de un amor, la pérdida de un empleo, de la salud, de un sueño que alimentamos durante años. No es solo un estado; es un trabajo, un tránsito arduo, un combate entre el deseo de aferrarnos a lo que fue y la realidad implacable que nos dice que ya no está. Como señaló Freud, este proceso puede ser normal o desviarse hacia la melancolía, donde el dolor se vuelve una autocrítica que nos hunde.

Nadie vive sin pérdidas. Vivir es ceder, soltar, dejar ir. ¿Qué tienen de especial aquellas que nos hunden en ese abismo? Son las que tocan lo más profundo de nuestro ser, las que nos obligan a redefinir quiénes somos sin eso que amábamos. Nos enfrentan al vacío, a esa sensación de estar suspendidos en la nada, caminando por un mundo que de pronto se siente extraño y cruel.

💃 Las fases del duelo: un baile desordenado

Elisabeth Kübler-Ross nos ofreció un mapa para transitar el duelo. Sus cinco fases son como los pasos de un baile que no siempre seguimos en orden.

- Negación:

Es el primer refugio: “No puede ser, esto no está pasando”. Es el shock, el intento desesperado de la mente por ganar tiempo.

- Ira:

Luego llega la rabia que quema por dentro: “¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora?”. Puede apuntar a los demás, a uno mismo o incluso al que se fue.

- Negociación:

Surge como un regateo con el destino: “Si cambio, si prometo, si rezo, tal vez todo vuelva a ser como antes”. Es un intento de recuperar el control.

- Depresión:

El dolor se instala como un huésped pesado. Hay llanto, insomnio, apatía; el mundo pierde color. Pero esta etapa es necesaria: permite expresar el dolor y empezar a integrarlo.

- Aceptación:

No es resignación, sino valentía. Es mirar la ausencia y decir: “Sí, esto pasó, y aún así sigo”. No es olvidar, sino aprender a vivir con el hueco.

Estas fases no son un camino recto. Hay quienes saltan de una a otra, retroceden o se estancan. El duelo es un tango desordenado, y cada uno lo baila a su manera.

🌉 El duelo normal: un puente hacia la vida

El duelo normal, o adaptativo, nos ayuda a adaptarnos a la ausencia y a reorganizar nuestra vida. Su duración varía según la relación con lo perdido y las circunstancias. Es un vaivén emocional: tristeza, culpa, ansiedad, nostalgia, ira, en oleadas que van y vienen. El cuerpo también habla: insomnio, fatiga, un nudo en el estómago. Con el tiempo, el dolor se suaviza, los recuerdos se tiñen de ternura, y la vida vuelve a abrirse paso.

🌑 Cuando el duelo se convierte en sombra

Pero hay duelos que no sanan, que se transforman en una sombra que lo cubre todo. El duelo patológico aparece cuando el dolor se vuelve incapacitante, se prolonga más allá de lo esperable o impide retomar la vida. Es un estancamiento en la tristeza infinita, la culpa que carcome o la evitación de lo que recuerda la pérdida. Señales claras incluyen aislamiento, insomnio severo, pérdida de apetito o pensamientos suicidas. En estos casos, el acompañamiento de un terapeuta o profesional de la salud mental puede ser clave para transformar el dolor en un proceso de sanación.

🎵 El tango del adiós

El duelo, como un tango, es un lamento que se canta con el cuerpo y el alma. Es el dolor de saber que lo que amábamos ya no está, pero también la certeza de que ese amor no se borra. Se fue y no vuelve más. Pero en ese irse, algo queda: los recuerdos, las marcas, las huellas de lo que fue. El duelo nos enseña que vivir es arriesgarse a perder, pero también a encontrar. Es un trabajo, sí, pero también una oportunidad: la de descubrir nuestra resiliencia, nuestra capacidad de transformar el vacío en un espacio para nuevos sentidos.

Si estás atravesando un duelo, permítete sentirlo. No hay atajos, no hay mapas perfectos. Pero hay algo seguro: del otro lado del dolor, hay vida. Y vos, aunque ahora no lo veas, vas a encontrarla. Como diría un poeta del alma, el mundo es un lugar donde siempre falta algo, pero nunca falta todo. Comparte tu experiencia en los comentarios o busca apoyo profesional si lo necesitas: hablar es el primer paso para sanar.

📊 Resumen visual: Las 5 etapas del duelo

Infografía 5 etapas del duelo

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